Estar conectadas no alcanza: la brecha digital también se juega en quién crea la tecnología
Las mujeres utilizan Internet, redes sociales e inteligencia artificial todos los días. Sin embargo, siguen estando subrepresentadas en los espacios donde la tecnología se diseña, se desarrolla y se convierte en oportunidades profesionales. La nueva brecha digital ya no es solamente de acceso: es también una brecha de conocimiento, participación y poder.
8/11/20265 min read


Durante años, hablar de brecha digital significó preguntarnos quién tenía acceso a una computadora o a una conexión a Internet.
Ese problema todavía existe.
Pero ya no alcanza para explicar las desigualdades del ecosistema tecnológico contemporáneo.
Hoy millones de personas están conectadas prácticamente todo el tiempo. Utilizan redes sociales, aplicaciones, plataformas digitales e incluso herramientas de inteligencia artificial.
La pregunta empieza a ser otra:
¿qué podemos hacer con esa tecnología además de consumirla?
Esta cuestión resulta especialmente relevante cuando observamos la participación de las mujeres en el mundo tecnológico.
Un trabajo desarrollado para MediAcción en 2025, bajo el concepto “Sembrando Vocaciones”, parte precisamente de esta tensión: mujeres altamente conectadas y familiarizadas con tecnologías digitales que, sin embargo, siguen teniendo una participación considerablemente menor en espacios de formación, producción y trabajo tecnológico.
Usar tecnología no significa participar del mundo tecnológico
Una persona puede utilizar Instagram todos los días.
Puede trabajar con WhatsApp, buscar información en Google y consultar una inteligencia artificial generativa.
Puede incluso desenvolverse con enorme facilidad dentro de las plataformas digitales.
Pero ninguna de esas prácticas garantiza que comprenda cómo funcionan esos sistemas, que pueda utilizarlos profesionalmente o que se imagine a sí misma desarrollando tecnología.
Ese es uno de los hallazgos centrales del proyecto.
En la encuesta realizada para la propuesta, hombres y mujeres mostraron niveles similares de acceso a Internet, pero el uso aparecía fuertemente concentrado en redes sociales y entretenimiento. Solo el 33,3% señaló utilizar Internet con fines laborales. Además, aunque varias personas ya utilizaban herramientas de inteligencia artificial, el 35,9% manifestó no estar familiarizado con el concepto de IA.
La conectividad, entonces, no equivale automáticamente a alfabetización digital.
Y mucho menos a participación productiva.
De la brecha de acceso a la brecha de oportunidades
El trabajo formula una distinción importante:
la brecha digital de género no es solamente una brecha de acceso.
También puede aparecer en la formación.
En el uso profesional de herramientas digitales.
En las oportunidades laborales.
En la posibilidad de ingresar a carreras tecnológicas.
Y en la percepción de quién “pertenece” o no al mundo tecnológico.
Según los datos recuperados en la investigación, en Argentina las mujeres representarían alrededor del 20,3% de quienes estudian programación y el 22,8% de quienes cursan carreras vinculadas al desarrollo tecnológico.
La presentación incorpora además datos del informe Brecha digital de género – Edición 2025 del ONTSI: aunque las mujeres presentan niveles de uso semanal de Internet muy similares —e incluso levemente superiores— a los de los varones, representan solo el 17,5% de quienes trabajan en áreas STEM.
La paradoja es evidente.
Las mujeres están dentro del ecosistema digital como usuarias, pero siguen estando mucho menos representadas como creadoras, desarrolladoras y decisoras.
El problema también es cultural
¿Por qué ocurre?
No existe una única causa.
La falta de formación aparece como una de las principales barreras identificadas por las personas encuestadas. Un 60% señaló conocer personas de su entorno con dificultades para acceder o utilizar tecnología, mencionando especialmente la falta de formación en habilidades digitales y las barreras generacionales.
Pero cuando hablamos específicamente de género aparece otra dimensión.
Los imaginarios.
Durante décadas, determinados campos tecnológicos fueron construidos culturalmente como territorios masculinos.
Programación.
Ingeniería.
Informática.
Desarrollo de software.
Inteligencia artificial.
Eso tiene consecuencias.
Porque una barrera no necesita prohibir explícitamente una entrada para resultar efectiva.
A veces alcanza con producir la sensación de que ese espacio no fue pensado para vos.
“No soy tecnológica”
Es una frase que todavía escuchamos con frecuencia.
Y suele resultar paradójica.
La dice alguien que utiliza cinco aplicaciones distintas antes del desayuno, organiza su trabajo mediante herramientas digitales, produce contenidos, administra archivos en la nube y consulta sistemas de inteligencia artificial.
Pero cuando la conversación pasa de usar tecnología a entenderla, producirla o trabajar con ella, aparece una distancia simbólica.
“No sé de tecnología.”
“No soy buena para eso.”
“Programar debe ser demasiado difícil.”
“Eso es para gente que sabe muchísimo.”
La campaña Sembrando Vocaciones identifica justamente ese insight:
muchas mujeres utilizan tecnología cotidianamente, pero no se perciben a sí mismas como parte del ecosistema tecnológico productivo.
Cambiar esa percepción también es educación.
Inteligencia artificial: una nueva oportunidad, pero también una nueva brecha
La expansión de la inteligencia artificial vuelve este problema todavía más importante.
Las herramientas de IA están reduciendo algunas barreras técnicas de entrada.
Hoy es posible producir código, analizar información, automatizar tareas, generar imágenes, prototipar ideas o desarrollar proyectos con niveles de conocimiento técnico muy diferentes a los que se necesitaban algunos años atrás.
Eso puede democratizar capacidades.
Pero existe otra posibilidad.
Que quienes ya poseen mayor formación, mejores redes profesionales y más experiencia tecnológica aprovechen mucho más rápidamente estas herramientas.
Entonces la IA podría reducir determinadas barreras técnicas y, simultáneamente, profundizar otras desigualdades.
Por eso alfabetizar en inteligencia artificial no significa solamente enseñar prompts.
También significa ampliar la capacidad de las personas para comprender qué pueden hacer con estas tecnologías.
Pasar del scroll a la creación
La presentación de Sembrando Vocaciones formula una pregunta especialmente potente:
“Estoy todo el día en las redes, pero ¿realmente entiendo cómo funcionan? ¿Podría usar la tecnología para algo más que entretenerme?”
Ese desplazamiento es central.
Del consumo a la comprensión.
De la comprensión a la producción.
Y de la producción a la posibilidad de construir una trayectoria profesional.
La alfabetización digital adquiere entonces una dimensión de autonomía.
No se trata solamente de aprender herramientas.
Se trata de ampliar posibilidades.
Sembrar vocaciones tecnológicas
A partir de este diagnóstico, la propuesta plantea MediAcción: Sembrando Vocaciones, una iniciativa orientada especialmente a mujeres jóvenes que busca acercar el universo tecnológico desde una perspectiva accesible, práctica y vinculada con intereses laborales, creativos y cotidianos.
La idea central puede resumirse en una frase:
entrar al mundo digital no es cosa de expertos.
No hace falta “saber todo” para empezar.
Hace falta poder explorar.
Preguntar.
Experimentar.
Equivocarse.
Encontrar referencias.
Y descubrir que detrás de herramientas aparentemente complejas existen capacidades que pueden aprenderse.
La propuesta busca trabajar precisamente ese primer umbral: el momento en que alguien deja de pensar “la tecnología no es para mí” y comienza a preguntarse “¿qué podría hacer yo con esto?”.
La alfabetización digital también puede ampliar futuros
Hay una razón más profunda para trabajar estas competencias.
Cuando una persona comprende mejor el entorno tecnológico, no solamente aumenta sus posibilidades laborales.
También aumenta su capacidad de decisión.
Puede comprender cómo se utilizan sus datos.
Evaluar críticamente una plataforma.
Reconocer los límites de una inteligencia artificial.
Automatizar una tarea.
Crear contenidos.
Desarrollar un proyecto.
Participar en debates sobre tecnología.
O imaginarse trabajando en un sector que antes parecía inaccesible.
Por eso reducir la brecha digital no consiste simplemente en garantizar conectividad.
Implica también democratizar el conocimiento tecnológico.
Y democratizar ese conocimiento significa ampliar quiénes pueden imaginar, diseñar y construir el futuro digital.
MediAcción | Sembrando Vocaciones
Desde MediAcción desarrollamos propuestas de alfabetización digital e inteligencia artificial orientadas a transformar la relación cotidiana con la tecnología en oportunidades de aprendizaje, creación y participación.
Sembrando Vocaciones propone acercar especialmente a mujeres jóvenes al ecosistema tecnológico mediante experiencias de formación accesibles, prácticas y conectadas con problemas reales.
Porque la tecnología no debería ser solamente algo que usamos.
También puede ser algo que entendemos, transformamos y creamos.
MEDIACCIÓN
Programa educativo para la alfabetización algorítmica y comprensión crítica de la inteligencia artificial en instituciones educativas.
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