Inteligencia artificial y educación: el desafío no es incorporarla, sino comprenderla
La IA ya forma parte de las prácticas educativas, pero su potencial no depende de la tecnología en sí, sino de las condiciones en que se la integra: formación docente, criterios pedagógicos y una mirada crítica que evite profundizar desigualdades.
Milagros Borio
10/30/20253 min read


La inteligencia artificial no es una novedad repentina, sino el resultado de un proceso histórico que va desde los experimentos de Alan Turing en los años 50 hasta el desarrollo del machine learning en los 90. Sin embargo, lo que sí es nuevo es su escala: la IA dejó de ser un campo especializado para convertirse en una infraestructura invisible que organiza la vida cotidiana.
Hoy interviene en la escritura de textos, en evaluaciones escolares, en sistemas de recomendación y en decisiones que afectan desde el consumo hasta el acceso a la información. No solo usamos IA: vivimos en entornos mediados por IA.
La perspectiva internacional: promesas y advertencias
Organismos como la UNESCO advierten que la incorporación de IA en educación abre oportunidades —automatización, personalización, acceso— pero también riesgos estructurales.
Entre ellos:
pérdida de interacción pedagógica
reproducción de sesgos algorítmicos
vulneración de la privacidad
A esto se suma una dimensión crítica: la desigualdad global. Más de la mitad de la población mundial aún no tiene acceso pleno a internet, lo que implica que la expansión de estas tecnologías no ocurre en un terreno neutral, sino profundamente desigual.
Argentina: entre la innovación y la fragilidad estructural
El desarrollo de la inteligencia artificial en Argentina tiene antecedentes tempranos. Ya en la década del 60, investigadores como Mario R. Reggini impulsaban trabajos pioneros en automatización.
Hoy, el país busca posicionarse estratégicamente a través de políticas como el Plan Nacional de Inteligencia Artificial y programas como PAIDEIA, orientados a integrar estas tecnologías en la educación. También se han dado pasos en materia de ética y regulación.
Sin embargo, estos avances conviven con una tensión evidente: una aceleración tecnológica sin un marco normativo consolidado.
La ausencia de una ley integral sobre IA y el estado incipiente de los debates legislativos reflejan un escenario donde la innovación avanza más rápido que la regulación.
Uso extendido, comprensión limitada
Los datos muestran un fenómeno claro: la adopción de la IA crece rápidamente, pero su comprensión no acompaña ese ritmo.
Más de la mitad de los adolescentes ya utiliza IA para tareas escolares
Más de la mitad de los trabajadores la incorpora en su vida laboral
Pero casi la mitad de la población no sabe con precisión qué es la IA
Esta brecha entre uso y comprensión es central. No se trata solo de acceso, sino de capacidad crítica para interpretar, evaluar y decidir sobre estas tecnologías.
Sin esa capacidad, el riesgo no es solo la desinformación, sino la dependencia acrítica de sistemas que operan con lógicas opacas.
Salud, vínculos y subjetividad: lo que la IA no puede reemplazar
El impacto de la inteligencia artificial no se limita al campo educativo o productivo. También alcanza dimensiones sensibles como la salud y las relaciones humanas.
En el ámbito sanitario, la IA se presenta como una herramienta para optimizar procesos y mejorar diagnósticos. Sin embargo, especialistas en bioética advierten sobre los riesgos de una delegación excesiva en sistemas automatizados.
La relación médico-paciente, basada en la confianza y la empatía, introduce un límite claro: no todo puede ser modelizado ni automatizado.
Algo similar ocurre en el plano afectivo. La emergencia de vínculos mediados por IA —desde asistentes conversacionales hasta simulaciones de interacción emocional— abre nuevas posibilidades, pero también plantea interrogantes sobre la dependencia, la sustitución de lo humano y la transformación del lazo social.
El desafío: gobernar la IA, no solo adoptarla
El futuro de la inteligencia artificial no está definido por la tecnología en sí, sino por las decisiones sociales, políticas y culturales que se tomen en torno a ella.
Su expansión en áreas como educación, salud y gestión pública exige:
marcos regulatorios claros
supervisión humana efectiva
protección de datos y derechos
formación crítica de la ciudadanía
Desde la perspectiva de la alfabetización mediática, el desafío no es solo usar la IA, sino comprender sus lógicas, sus límites y sus implicancias .
Porque en este nuevo escenario, la pregunta no es qué puede hacer la inteligencia artificial, sino qué queremos que haga —y bajo qué condiciones— en nuestras sociedades.
MEDIACCIÓN
Programa educativo para la alfabetización algorítmica y la comprensión crítica de la inteligencia artificial en instituciones educativas.
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