“La IA no es una herramienta, es un sistema que decide”

Ricardo Lorenzetti advierte que la inteligencia artificial no puede analizarse de forma aislada. En educación, esto obliga a un cambio urgente: dejar de usarla sin entender cómo impacta en el pensamiento, la información y la toma de decisiones.

Agostina Godoy

3/20/20262 min read

Ricardo Lorenzetti, juez de la Corte Suprema Argentina. Fuente: Diario Castellanos.
Ricardo Lorenzetti, juez de la Corte Suprema Argentina. Fuente: Diario Castellanos.

La inteligencia artificial ya está en las aulas. Estudiantes la usan para hacer trabajos, resumir textos o resolver ejercicios. Pero el debate ya no es si usarla o no, sino cómo hacerlo.

El juez de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, lo planteó con claridad: la IA no es una herramienta aislada, sino parte de un nuevo ecosistema tecnológico que cambia la forma en que tomamos decisiones, producimos conocimiento y organizamos la sociedad. Ese cambio también impacta de lleno en la educación.

“No estamos frente a una herramienta más”, advirtió. A diferencia de tecnologías anteriores, la inteligencia artificial no solo ejecuta tareas: puede decidir. Y eso obliga a repensar el rol de docentes, instituciones y estudiantes.

Un cambio más rápido que nuestra capacidad de adaptación

En apenas cuatro décadas pasamos de un mundo sin internet a uno atravesado por algoritmos. Ese ritmo plantea un problema central: la educación va más lenta que la tecnología.

En la práctica, esto ya se traduce en tres transformaciones concretas:

  • Automatización de tareas: la IA puede resolver actividades que antes requerían tiempo y esfuerzo, lo que redefine qué significa “aprender”.

  • Transformación del trabajo: muchas habilidades tradicionales pierden valor, mientras crecen otras como el pensamiento crítico o la creatividad.

  • Uso masivo de datos: cada interacción deja huella, y los algoritmos pueden influir en lo que pensamos, consumimos o creemos.

El verdadero riesgo: usar IA sin criterio

El problema no es que los estudiantes usen inteligencia artificial. El riesgo es que lo hagan sin herramientas para entenderla. Ahí aparece un punto clave para América Latina: la alfabetización mediática.

Formar estudiantes capaces de analizar críticamente la información, entender cómo funcionan los algoritmos y cuestionar los sesgos ya no es opcional. Es una condición para participar en la vida democrática.

Sin esa formación, el uso de IA puede reforzar burbujas informativas, desinformación y dependencia tecnológica.

¿Qué debería cambiar en la escuela?

El desafío no es competir con la inteligencia artificial, sino complementarla. Eso implica un cambio de enfoque:

  • Priorizar pensamiento crítico y resolución de problemas

  • Enseñar cómo funcionan los sistemas de IA, no solo usarlos

  • Formar docentes para integrar estas herramientas de manera consciente

  • Incorporar debates sobre ética, datos y responsabilidad

Más que prohibir la tecnología, se trata de aprender a gobernarla.

Una pregunta abierta

La inteligencia artificial ya está en las aulas. La pregunta no es si va a quedarse, sino en qué condiciones. ¿Estamos formando ciudadanos que entienden la tecnología o usuarios que dependen de ella?