La IA no es una verdad incuestionable: una conversación urgente desde el aula
Jonathan Andrés, docente de nivel primario y universitario, y doctorando en Ciencias Humanas, trabaja actualmente en el Laboratorio de Investigación en Ciencias Humanas (LICH – UNSAM/CONICET). En esta conversación, propone una mirada crítica sobre el vínculo entre inteligencia artificial y educación, poniendo en tensión discursos dominantes y recuperando el rol central de la docencia.
Agostina Godoy
10/15/20252 min read


Pensar la IA más allá de la definición técnica
La primera tensión aparece en algo aparentemente simple: definir qué es la inteligencia artificial.
“No hay un único modo de definirla. Es un programa que automatiza procesos, pero también implica aprendizaje automático. Su concepto está en disputa y depende del campo desde donde se lo mire.”
Lejos de una definición cerrada, Jonathan señala que la IA es un objeto socio-técnico en disputa, no solo una herramienta neutral.
En educación, su presencia tampoco es completamente nueva. Lo que sí marca un punto de inflexión es la expansión de la IA generativa, a través de plataformas como ChatGPT o Gemini, que hoy forman parte de las prácticas cotidianas de estudiantes, muchas veces sin mediación docente.
¿La IA como verdad? Una idea peligrosa
Uno de los puntos más potentes de la entrevista es la discusión sobre el estatuto de verdad de la IA.
Jonathan recupera al filósofo Éric Sadin para señalar un riesgo:
“La inteligencia artificial se posiciona como una fuente legítima de verdad.”
Pero rápidamente introduce un matiz clave desde la práctica educativa:
“En el aula, la fuente de saber legítimo sigue siendo el docente. La IA es una fuente que se discute, no algo que se acepta automáticamente.”
Esta afirmación es central para MedIAcción: la IA no reemplaza el criterio pedagógico, lo tensiona.
En lugar de asumirla como autoridad, los estudiantes —según sus investigaciones— tienden a contrastar lo que obtienen de la IA con otros saberes, abriendo una posibilidad pedagógica valiosa: enseñar a discutir, no a consumir respuestas.
Docentes, empresas y disputas de sentido
La conversación se vuelve más política cuando aparece la relación entre educación y mercado.
“Los docentes saben que muchas veces sus decisiones van en contramano de los intereses económicos de las empresas que necesitan que uses IA.”
Aquí emerge un conflicto estructural:
Intereses pedagógicos → formación, pensamiento crítico, procesos
Intereses empresariales → uso, adopción, escala
“No necesariamente coinciden. Y esos desencuentros son necesarios.”
Esta idea dialoga directamente con lo que señala el informe sobre tecnologías digitales en educación de CLADE: la expansión tecnológica muchas veces está impulsada por lógicas de mercado más que por evidencia pedagógica .
Innovación, resistencia y el rol de la escuela
Frente al discurso dominante que exige innovación constante, Jonathan propone una posición contraintuitiva:
“No veo la resistencia como algo negativo. La escuela no tiene que innovar todo el tiempo; hay que ser precavidos.”
Esta mirada rompe con el “imperativo de innovación” y se alinea con una crítica más amplia al solucionismo tecnológico, donde toda tecnología se presenta como respuesta automática a problemas complejos.
En este sentido, la escuela aparece no como un espacio atrasado, sino como un espacio de regulación cultural frente a la velocidad del mercado tecnológico.
Pensar el futuro: la pregunta no es tecnológica
Al proyectar los próximos años, Jonathan evita caer en futurologías tecnocéntricas:
“Los problemas sociales, técnicos y ambientales van a seguir estando. La pregunta es qué aporta la IA para resolverlos.”
Y cierra con un deseo que desplaza el eje:
“Ojalá la IA nos ayude a pensar un mundo mejor para todos y todas.”
MEDIACCIÓN
Programa educativo para la alfabetización algorítmica y comprensión crítica de la inteligencia artificial en instituciones educativas.
CONTACTO
RECIBÍ NOVEDADES
info@mediaccion.digital
+54 11 6449 2209
Proxy Interactive © 2026. Todos los derechos reservados.
